Nicolás se detuvo frente a la majestuosa mansión de la familia Fisher.
El lugar estaba iluminado con elegancia, los jardines perfectamente cuidados y la entrada llena de autos de lujo. Desde afuera, se escuchaban risas y conversaciones animadas.
Suspiró pesadamente mientras bajaba del auto.
Su hermano, quien lo había estado esperando junto a la entrada, le extendió una cajita con indiferencia.
—Hice lo que debía. De nada —dijo con aire de superioridad.
Nicolás tomó la caja sin ningún entusiasmo