El aire estaba cargado de humo suave y el aroma a café recién hecho. Los inversionistas se habían retirado por unos minutos a conversar entre ellos, aprovechando el descanso tras una reunión intensa. Nicolás se apoyó en la barandilla del balcón del club, mirando el campo de golf con el ceño fruncido, en completo silencio.
Fue entonces cuando Michael se le acercó con el teléfono en la mano.
—Tienes que ver esto —dijo, sin rodeos.
Nicolás lo miró, confundido, y tomó el móvil. En la pantalla, una