Santiago terminó de guardar las ampollas restantes en su maletín de cuero. Su expresión seguía siendo severa, la de un médico y no la de un hermano.
—El efecto sedante durará un par de horas más, pero el analgésico es lo que me preocupa —dijo, mirando fijamente a Damián—. Cuando despierte del todo, le va a doler. No dejes que se mueva bruscamente. Nada de almohadas altas. Y por lo que más quieras, Damián, no dejes que intente caminar.
—Entendido —respondió Damián. Su voz sonaba ronca, como s