El asfalto civilizado había quedado atrás hacía kilómetros. Ahora, el mundo se reducía al crujido brutal de los neumáticos todoterreno de la SUV mordiendo un camino de grava, barro y agujas de pino que no aparecía en ningún mapa oficial.
La lluvia, que nos había acompañado como un sudario durante la huida, comenzó a transmutarse a medida que ganábamos altitud. Las gotas pesadas se volvieron aguanieve, golpeando el parabrisas blindado con un sonido más seco, más hostil, antes de ser barridas por