Adeline estaba sumergida en su elemento. El mundo exterior había dejado de existir hacía horas. Allí, en su escritorio, rodeada por el zumbido suave de los servidores y el brillo frío de la tecnología, era donde su cerebro funcionaba a la perfección.
Frente a ella, tres monitores de alta definición formaban una barricada de luz.
En la pantalla izquierda, se reproducía en bucle una secuencia del nuevo videojuego de mundo abierto que la empresa estaba a punto de lanzar Reign of Ashes II. En la pa