El sonido de mi respiración se volvió errático al sentir el calor de su cuerpo irradiando contra mi espalda, una pared de músculo y furia contenida que me separaba del mundo exterior.
Damián no me dio tiempo a girarme por completo. En un movimiento fluido y depredador, dio un paso más, eliminando cualquier distancia decente, y me obligó a retroceder hasta que mis caderas chocaron contra el borde duro de la mesa de conferencias.
—¿Te crees muy lista, Adeline? —susurró, y su aliento caliente golp