La adrenalina es una droga traicionera. Mientras caminaba por el pasillo alejándome de la sala de juntas, me sentía invencible, una diosa de la guerra corporativa que había domado a la bestia. Pero en cuanto cerré la puerta de mi pequeña oficina acristalada y me dejé caer en mi silla ergonómica, la realidad me golpeó como un mareo repentino.
Mis manos temblaban. No por miedo, sino por la descarga eléctrica residual que aún recorría mi sistema nervioso. Mi cuerpo todavía recordaba el peso de Dam