Cerré la puerta del baño tras de mí y, por instinto, giré el pestillo. El clic metálico resonó en el pequeño espacio alicatado de mármol blanco, pero en lugar de hacerme sentir segura, sonó como el cerrojo de una celda.
Me apoyé contra la puerta de madera, sintiendo la superficie fría contra mi espalda a través de la camisa prestada de Damián. Cerré los ojos y dejé que la fachada de valentía que había mantenido frente a Jasper se desmoronara por completo.
Mis piernas, que hasta hace unos segund