—¡Espera!
Me moví por puro instinto. Di dos zancadas rápidas y alcancé su mano antes de que cruzara el umbral. Mis dedos se cerraron alrededor de su muñeca, sintiendo el pulso acelerado que latía bajo su piel caliente.
Damián se detuvo en seco, como si hubiera chocado contra una pared invisible. Se giró lentamente, mirándome con sorpresa genuina. No esperaba que lo detuviera. Sus ojos bajaron a mi mano en su brazo y luego subieron a los míos, buscando una explicación.
—Por favor... —susurré, y