Damian y Santiago.
—¡Huuu, qué bueno, nos vamos de playa! —exclamó Santiago por los pasillos de la terminal, haciendo que todos se giraran a verlo.
Yo bajé la cabeza de inmediato y me tapé la cara con la mano, tratando de que no me asociaran con él. —¡¿Qué estás haciendo, pendejo?! —le siseé entre dientes.
—¡Ayyy! —me respondió con un gesto de orgullo, restándole importancia—. Deja de preocuparte tanto. Nos vamos a Santa Catalina, la ciudad con las playas más hermosas del país.
Santiago iba ves