No quise perder ni un segundo más. Me vestí a toda prisa, cambiando la seda y la incomodidad por algo más funcional y presentable, pero con la mente fija en un solo objetivo: salir de esa mansión. Bajé las escaleras con el corazón martilleando contra mis costillas, decidida a cruzar la salida principal, cuando la puerta se abrió de golpe, golpeando la pared con un estruendo que me hizo saltar.
Era Jasper. Estaba ebrio, mucho más de lo que jamás lo había visto, y no venía solo. A su lado, sosten