La atmósfera en la sala principal de la lancha se volvió densa. El sonido del casco cortando el agua a gran velocidad era un zumbido constante que subrayaba la tensión entre ambos. Adeline sentía que las paredes de madera y cuero del yate se estrechaban a su alrededor, asfixiándola con una realidad que su cerebro, condicionado por el suero, no podía procesar.
—¿Casarme... contigo? —La pregunta de Adeline salió cargada de un desconcierto absoluto, con una nota de incredulidad que vibró en el air