El aire en el camarote se volvió gélido en un instante, no por el sistema de climatización de la lancha, sino por el muro de acero que Adeline levantó entre ambos. La confusión del sueño, mezclada con la presencia física de Damián tan cerca de su espacio personal, generó una reacción de rechazo. No era odio, era la necesidad frenética de recuperar el control de una narrativa que no comprendía.
Adeline se puso de pie de un salto, envolviéndose en la manta de lana con un movimiento brusco, oculta