—No, no... espera. Hay algo que no entiendo —interrumpió Adeline, con la voz entrecortada por la urgencia de ganar segundos—. Hay una pieza que no encaja.
Valentino rodó los ojos y soltó un suspiro de frustración, dejando la jeringa de nuevo sobre la bandeja con un golpe metálico.
—Vamos, Adeline. Creí que eras más lista —dijo, visiblemente fastidiado—. ¿Qué más quieres saber? Cada segundo que pierdes es un segundo más que tu familia pasa bajo el mismo techo que Aurora.
Adeline negó con la cabe