En la planta baja de la villa, el aire estaba saturado de una angustia que se podía cortar con un cuchillo. Ethan caminaba de un lado a otro de la sala como un animal enjaulado. Su expresión era un desastre de nervios; el miedo le brillaba en los ojos, mezclado con una frustración salvaje. Todo su plan se había resquebrajado en cuestión de minutos y la impotencia de no haber podido detener esa ambulancia lo estaba carcomiendo por dentro.
Cerca de la chimenea, los padres de Adeline se sostenían