Clarisa dejó la taza de café sobre el plato con un pequeño golpe seco y volvió a mirar la hora por quinta vez en menos de diez minutos.
Había citado a Eleonora allí hacía casi una hora y seguía sin aparecer. La impaciencia empezaba a abrirse paso poco a poco. Hasta ahora, ninguno de sus intentos había salido como esperaba. Cada movimiento que hacía parecía alejar más a Adrián en lugar de acercarlo, y por primera vez empezaba a admitir que quizá sola no podría darle la vuelta a la situación.
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