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Clarisa permaneció inmóvil varios segundos. La mano seguía apoyada sobre su mejilla mientras observaba a Valeria como si acabara de suceder algo imposible. Ni siquiera parecía sentir el ardor del golpe. Estaba demasiado ocupada intentando procesarlo. Porque nadie se había atrevido a levantarle una mano encima antes. Nadie. Ni siquiera sus propios padres. Y ahora aquella mujer... aquella mujer a la que llevaba mucho tiempo considerando inferior a ella acababa de abofetearla delante de todos.