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El aire frío fue lo primero que los recibió. Después de varios días de calor, mar y sol constante, Toronto parecía empeñada en recordarles inmediatamente dónde estaban. Apenas abandonaron la terminal, Mateo se encogió dentro de su chaqueta mientras Sofía protestaba por el cambio de temperatura.
A su alrededor, el aeropuerto continuaba funcionando con su habitual ritmo acelerado. Personas entrando y saliendo, maletas rodando sobre el suelo y anuncios resonando a través de los altavoces.