Benjamín se levantó como un rayo de su asiento y, antes de que ella llegara a la puerta, la tomó de la mano.
—Tú no puedes dejarme, Dafne. Ya te he dicho que ella no es mi novia, solo la acompañé a una consulta médica.
Dafne trató de zafarse de su agarre, con rabia expresó:
—¡Suéltame! Vi cómo salían juntos de aquí, y eso lo dice todo sobre ustedes.
Benjamín vio esa rabieta en su cara y eso le gustó. La arrastró y la pegó a la pared. Tomó sus dos manos y las coloco por detrás de su espalda.
—¿E