Al llegar frente a la puerta, Ava agarró la manilla y la giró. Al abrirla, sus ojos se encontraron con una escena alarmante: en el sofá, una mujer luchaba desesperadamente por liberarse de un hombre de unos cincuenta años. En ese instante, Ava intuyó que se trataba de Fernando.
—¡Suelte a esa mujer! —exclamó Ava con firmeza.
Fernando levantó la cabeza al escucharla. Su rostro reflejaba perversión, pero al ver quién era, se levantó rápidamente y comenzó a acomodarse la ropa.
—No es lo que ustede