Sofía, Ava y Dafne corrían sin detenerse, con el miedo latiendo en sus pechos. Los disparos habían cesado, pero el sonido de los pasos de sus perseguidores resonaba en el aire. Estaban agotadas, pero no podían detenerse.
Sofía escaneó el terreno con desesperación, buscando dónde esconderse. Sus pulmones ardían, sus piernas temblaban, pero su mente se mantenía alerta. Entonces, entre la maleza, divisó un barranco de poca profundidad.
—¡Por aquí! —susurró con urgencia, guiándolas hacia el borde. S