Al día siguiente, Ava despertó con una sensación de vacío en el corazón. Recordó que había dormido sola; Dante no había regresado a casa esa noche. Se vistió apresuradamente, tratando de ignorar el nudo en su estómago, y se dirigió al restaurante para despejar la mente.
Al llegar, Sofía notó de inmediato la expresión abatida de su amiga.
—Ava, ¿qué te pasa? —preguntó preocupada, dejando lo que hacía para acercarse a ella.
Ava suspiró profundamente, sintiendo que su pecho se encogía, y finalment