En el pueblo, las chicas estaban inquietas, con la mirada fija en Hermes. Este, al percatarse de que lo observaban, colgó la llamada con un gesto preocupado y guardó el teléfono en el bolsillo. Fue entonces cuando Ava, incapaz de contenerse, dio un paso al frente y preguntó con voz firme:
—¿Qué te dijo tu hermana?
—Dafne está bien. Me informó que no le dio tiempo de agarrar el autobús y que encontró un lugar donde quedarse en la ciudad —respondió él, con la mirada afligida.
—No te preocupes por