Dafne estaba harta de los insultos de Alexa, del descaro de Benjamín y de su estúpido juego de manipulación. Si él creía que tenía el control, estaba muy equivocado. Ya no iba a quedarse callada, ya no iba a permitir que la tratara como una segunda opción. Esta vez, ella movería las piezas a su favor.
—Alexa, mi chocolatico y yo estamos viviendo juntos —soltó con una dulzura empalagosa, bajando la mirada como si estuviera avergonzada—. No me digas que no te ha contado —Alzó la vista con fingida