Ava se sentía decaída y sin ánimos de hacer nada. Estaba a punto de quedarse dormida cuando su esposo entró a la habitación acompañado del médico.
—Hola, Ava. Me contaron que no te has sentido bien. Dime, ¿cuáles son tus síntomas? —preguntó Josué con voz amable.
—Doctor, me da mucho sueño. Últimamente tengo un hambre voraz y no paro hasta saciarme. A veces siento muchas náuseas, pero hoy ha sido horrible, vomité todo lo que comí —respondió Ava con un gesto de desagrado.
El médico, que conocía a