—No me juzguen si no van a ayudarme —gruñó Kael a los pequeños. Ellos, en lugar de responder, soltaron una risita burlona.
—Finge que estás en peligro —dijo Sofía, guiñándole un ojo mientras tomaba a Samuel de la mano para irse a su habitación.
Kael negó con la cabeza. Era un juego absurdo, demasiado infantil para su gusto… pero la idea no era del todo mala. Aun así, siguió insistiendo en la puerta.
—Lyra, abre ya ¡No me hagas enojar!
—Haz lo que quieras, Alfa. No quiero hablar contigo, ni hoy