Linda ato a Sofía a una silla, había sangre en el rostro de la mujer, tomó una cerveza, la abrió y bebió un sorbo.
Podía notar la mirada asesina de Sofía sobre ella, sonrió ampliamente.
—Me odias, no es verdad, el sentimiento es mutuo. Al fin tendré el placer de deshacerme de ti. Esperé tanto tiempo por este momento, por la mañana. Ustedes dos están muertas; lanzaré sus cadáveres al lago congelado. Después de meses, en el verano, encontrarán sus cuerpos.
Sofía intentó soltarse, pero era impos