—¿Por qué te asustas, si estoy muerta?—respondió con una sonrisa maliciosa.
Patricia dio un paso atrás presa del pánico, quería salir corriendo, pero sus piernas no se lo permitían.
—Esto no es real, tú estás muerta, no puedes ser tú.
Tartamudeó la mujer, su rostro estaba pálido, como si la vida hubiera escapado de ella.
—Deberías de cuidarte la espalda, querida, puedes terminar muy mal.
Sofía se acercó a Patricia lentamente, y en cuestión de minutos la mansión quedó completamente a oscuras