Dante Salvatore Valcárcel
Isadora sonríe cuando me ve. No a todos. A mí. Como si este teatro fuera solo para mis ojos.
—Buenas noches —saluda.
Su voz es suave. Perfecta. Detestable. Lorenzo se levanta y camina hacia ella. Le toma la mano con un orgullo patético, como si estuviera presentando un trofeo y no una bomba con tacones.
—Ella es Isadora Vitale —anuncia—. Mi futura esposa.
Alessia se queda inmóvil. Su rostro no muestra dolor. No muestra miedo. Eso me preocupa más. Porque sé lo que Isado