Dante Salvatore Valcárcel
La tormenta no terminó cuando dejó de llover, solo cambió de forma.
Afuera, la mansión Bellerose amaneció cubierta de humedad, con los jardines brillando bajo una capa fría de agua y las ventanas empañadas como si la casa también hubiera pasado la noche respirando miedo. Pero adentro, el verdadero temporal seguía vivo. Se movía por los pasillos, se sentaba a la mesa, bajaba las escaleras con ropa elegante y fingía que nada se estaba pudriendo bajo los cimientos.
Yo con