Alessia Vittoria Bellerose
—No te pregunté.
—Alessia, es peligroso.
—Se llevó a Octavia.
—Dante no hace nada sin motivo.
Lo miro.
—Qué curioso que ahora lo defiendas.
Gael aprieta la mandíbula.
—No lo defiendo. Pero tampoco voy a dejar que corras hacia él sin pensar.
—Entonces sígueme.
—¿Qué?
—Sígueme o apártate.
No espera otra orden. Bajamos al estacionamiento. Gael conduce. Yo voy en el asiento trasero con el teléfono en la mano, intentando llamar a Octavia. Nada. Intento llamar a Dante. No c