Alessia Vittoria Bellerose
No lo hago. Sus dedos enguantados rozan mi barbilla, apenas. Y aun así siento el contacto en todo el cuerpo.
—Ese hombre detrás de la puerta quiere convertirte en una mujer incapaz —ronronea—. Tu madre quiere usar la vergüenza de tu boda para controlarte. El abogado que trajeron viene con papeles preparados. Y tú sigues aquí, sosteniendo un abrecartas como si eso fuera a salvarte.
Trago saliva.
—¿Y tú me salvarías?
Su mirada se oscurece.
—No soy salvador de nadie.
—En