Dante Salvatore Valcárcel
Mi respiración se detiene. Octavia abre el archivo. Vargas aparece en el pasillo, llamado por Rocco, y se acerca rápido.
—Necesito esto copiado ahora —menciona Octavia—. La fórmula, los nombres, todo.
—A servidores externos —ordeno—. A la prensa si algo nos pasa.
Isadora deja de sonreír. Ahí. Por fin. Miedo.
—No sabes lo que haces —dice.
La miro.
—Estoy cerrando tu mundo.
—Si expones esos nombres, vendrán por todos.
—Que vengan.
Alessia me mira.
—No, Dante.
No entiendo