Dante Salvatore Valcárcel
—Rocco, llama a Vargas. Que revise a Alessia otra vez. Sangre, piel, pulmones, pupilas, todo. Ahora.
Rocco ya está saliendo. Amara se ríe.
—Corre, monstruo. Corre. Siempre llegas tan hermoso cuando ya es tarde.
Me giro hacia ella. La mesa queda entre nosotros otra vez, pero esta vez no me siento.
—Te crees muy inteligente.
—Lo soy.
—No. Eres una niña herida jugando a ser verdugo con herramientas que te dieron hombres peores que tú.
Su sonrisa se endurece.
—Cuidado.
—No