VERONICA
Me acerco a mi escritorio, mi corazón latiendo con ira y decepción. No puedo creer que él esté aquí, sonriendo como si nada hubiera pasado. El cinismo de algunas personas es increíble. ¿Cómo puede él mostrarse tan tranquilo después de lo que hizo?
Me detengo frente a él, mi mirada intensa y acusadora.
—¿Qué haces aquí? —le pregunto, mi voz firme y llena de indignación.
Él se levanta de la silla, su sonrisa falsa y condescendiente.
—Verónica, ¿cómo estás? —dice, como si no hubiera pasad