El peor castigo: 25. No quiero que nada le pase a nuestra hija
Después de ese beso, muy a pesar de las filosas palabras que había usado Emma, Matías estaba más que decidido a recuperar a la mujer que amaba, así que comenzó su reconquista desde cero. No podía seguir actuando de forma impulsiva, ni robarle besos cada vez que lo deseara. No era correcto ni tampoco quería incomodarla, por eso, comenzó a enviarle flores cada día, casi siempre a la misma hora. Las escogía personalmente y se las hacía llegar puntual.
Las visitas a su hija, había decidido que sería