24. Amelia es picada por una tarántula
— ¿Sí, hijo? — se asomó por la puerta del despacho con ojos cansados y pasos quedos.
Cristóbal frunció el ceño al verla en ese estado. Ni siquiera iba arreglada como de costumbre. Era la primera vez que la veía sin una gota de maquillaje en el rostro.
— Madre, ¿Qué tienes?
— No es nada, solo me he despertado más… agotada de lo habitual — tosió —. ¿Para qué querías verme?
Cristóbal suspiró y le pidió que tomara asiento, entonces le mostró aquel video.
— ¿Reconoces esto?
— Sí, claro. ¿Por qu