Sin dejar de mirarlo, ella se bajó la diminuta cremallera oculta situada a un lado de la cintura y el vestido cayó al suelo, dejándola únicamente con las braguitas y las sandalias de tacón alto.
Se obligó a mantenerse firme bajo la ardiente mirada de Dante.
–Eres preciosa.
–¿Cómo no mencionaste esa palabra durante la entrevista?– bromeó
Angela.
Dante le acarició los brazos y su figura de reloj de arena antes de
Colar los dedos bajo la tela de las braguitas.
–Créeme, para cuando hayamos termina