“No” digo en voz alta. “Maldita sea, no. No me sentaré aquí sentada a esperar que me rescaten. Voy a encontrar la manera de salir de esta mierda”.
Me doy la vuelta y estudio los estantes.
La mayoría de las armas en la habitación son pistolas, pero hay unas pequeñas cajas de metal en algunos de los estantes inferiores que parecen más estuches de herramientas. Abro una y encuentro una caja llena de guantes, cuerda, cinta adhesiva y pasamontañas.
Son equipos de asalto. Bolsas ligeras de suminist