Dante
Gennady está de pie en la cocina cuando subo las escaleras, su rostro contraído en una mueca. “¿Cómo estuvo?” pregunta.
“Bien” respondo.
Paso junto a él y agarro mi bolsa de asalto del mostrador. Tiene armas, municiones y dispositivos de contención. No tengo ni idea de los obstáculos con los que nos podemos encontrar. Quiero estar preparado.
“¿Estuvo ‘bien’? Acabas de encerrar a tu novia en el sótano” insiste él.
“Ella no es mi…” me interrumpo. No sé qué es Amira para mí. Pero sé q