—Hola Steve.
Abro los ojos, repentinamente despierto y alerta, respondí a la llamada mecánicamente, sin comprobar el indicativo en la pantalla, y ahora estoy pagando caro este descuido porque estoy atascado, congelado, sin poder emitir nada.
Me levanto de un salto de la cama y peino el mechón de pelo rubio que me ha caído en la frente, con el corazón galopando como una manada de sementales.
—¿Qué quieres? —logro articular, esforzándome por sacar estas dos simples palabras de mi boca.
—¿Te he de