CAPÍTULO 43. ¿Alguna objeción?
Nolan retrocedió instintivamente, porque bastaba cruzar la mirada con Mark para saber que al dragón le habían tocado su princesa. En los ojos de aquel hombre no había pánico descontrolado, sino algo mucho más peligroso: una furia contenida que no necesitaba palabras para advertir que aquel no era el momento de pronunciar una sola sílaba equivocada.
Pero a la vez el foco mediático cambiaba en cuestión de segundos. Ya no era solo una acusación pública. Era un posible colapso en directo. En las re