CAPÍTULO 42. Una verdad a la luz
Hasta el zumbido de las cámaras pareció apagarse por un segundo y Mark, como todo buen tiburón en los negocios, supo identificar el segundo exacto en que todo se iba al carajo.
—¿Qué algoritmo? —repitió ella, esta vez con más claridad, aunque la voz le temblaba.
Uno de los antiguos clientes, un hombre de cabello canoso y traje gris impecable, frunció el ceño, sorprendido.
—Nexus —respondió como si fuera obvio—. El algoritmo de distribución de Rockham Holdings era lo mejor que tenían. Reducía pé