CAPÍTULO 20. Gritos y silencios
—¡Hale! —gritó Mark por enésima vez, caminando de un lado a otro de su oficina como un animal enjaulado—. ¡Señorita Hale, respóndame!
El teléfono seguía en altavoz sobre el escritorio, emitiendo solo un silencio pesado que le estaba empezando a oprimir el pecho. Mark no recordaba la última vez que había sentido algo así: esa mezcla de urgencia, impotencia y una rabia que no encontraba a quién culpar. Se pasó una mano por el cabello, desordenándolo por completo, y miró hacia la puerta justo cuan