KATIA VEGA
Como bien le había dicho, ante la mesa no solo estaba la familia, sino los peones, capataces y todo aquel que servía en la finca. Cocineros y conserjes, recolectores, jefes y empleados. El comedor estaba abarrotado.
Sentado frente a mí, Marcos no dejaba de verme con intensidad, incluso sus ojos se veían más claros que de costumbre. Otra cosa de la que me percaté fue que Samuel no dejaba de aprovechar cada oportunidad para acercarse a él. La sangre llamaba y estaba segura de que mi p