ROSA MARTÍNEZ
—¡¿Qué hago?! ¡¿Entro o no entro?! —exclamó Arturo en cuanto metieron a Lisa a quirófano.
—Depende… Si te vas a desmayar cuando nazca el bebé, mejor no entres —contesté casi con boca de profeta.
—Ver a tu mujer parir es para valientes —agregó Marcos con seriedad.
—Mejor no entres, vas a entrar en pánico.
—¡Qué poca fe tienes en mí, mujer! ¡Con tu permiso, iré a sujetar la mano de Lisa mientras nace nuestro bebé! —Ofendido, Arturo dio media vuelta y avanzó con gallardía hacia el