EMILIA VEGA
Hubo un breve momento de calma, donde todos estaban asombrados, incluso yo. Vi el tenedor en su mano y me horroricé. ¿Yo había hecho eso?
El caos regresó cuando la niña gritó con todas sus fuerzas antes de comenzar a llorar desconsolada. Las monjas que cuidaban del lugar entraron corriendo, intentando poner orden.
—¡Emilia me lastimó! ¡Ella me quiso matar! —exclamó sin dejar de llorar.
—¡No es cierto! ¡No la quise matar! —respondí levantándome de la banca y retrocediendo. Tenía mi