KATIA VEGA
—¿Katia? ¿Qué pasó? —preguntó mi abuela en cuanto abrí la puerta del departamento—. ¿Dónde está lo que ibas a comprar? ¿Quién es él?
Volteé sin disimular mi molestia y entorné los ojos en cuanto el teniente me sonrió con sorna. —¡Ahí! No te atrevas a dar un paso más —dije señalándolo. No iba a dejar que entrara al departamento. Retrocedió un paso con las manos en alto.
—¡Yo lo detengo, mami! —exclamó Samuel brincando por encima del descansabrazos del sillón y apuntándole con su pist