ANTONIO LARREA
—La herida no tocó ningún órgano, pero… —Como buen médico que se dedica a atender gente de mi calaña, tenía miedo de dar malas noticias, pues sabía que su cabeza también corría peligro.
—¡Solo dilo! —exclamó Mónica intimidándolo.
Levanté la mano para silenciarla y dejar que el médico continuara.
—Necesita reposo absoluto y hablo en serio. Cualquier esfuerzo físico puede romper la sutura y terminar en una hemorragia que puede comprometer su vida —dijo viéndome fijamente, advirti