Hacía meses que no sentía esta clase de agotamiento, uno que no nacía del vacío, sino del esfuerzo. Pasé toda la noche inclinada sobre los informes que Harrison me había entregado. Los números bailaban ante mis ojos y los términos legales se enredaban en mi mente, pero no me detuve. Estudié la estructura de los Sterling, los márgenes de beneficio de los inversores alemanes y, sobre todo, las debilidades de la contraparte.
A las cuatro de la mañana, mientras Layka dormía plácidamente a mis pies